Semana doble la que pasó en el PGA Tour. Con los mejores del circuito jugando en la fabulosa cancha de Quail Hollow Club, el resto viajó hasta Myrtle Beach para disputar uno de los torneos opuestos. Las diferencias eran grandes, no solo en las bolsas de premios —20 y 4 millones de dólares respectivamente— sino también en los puntos FedEx que repartían: 700 al ganador del Truist y 300 al ganador del OneFlight Myrtle Beach.

Brandt Snedeker tuvo hace varios años un problema físico que lo sacó del circuito. Le dijeron que su única solución era una operación en la que debían abrirle el esternón, con un riesgo importante. El jugador asumió la responsabilidad, pasó por el quirófano y pudo volver a jugar en el tour. El domingo en Myrtle Beach firmó 68 golpes y venció a Mark Hubbard por la mínima diferencia para lograr el décimo título de su carrera.

En North Carolina estaba la elite del golf mundial en una de las mejores canchas que el tour visita cada año. Una nueva estrella logró su primer título y viene de un país que históricamente no produjo demasiados grandes jugadores. El noruego Kristoffer Reitan venía amagando y en Quail Hollow confirmó todo lo que prometía. No le tembló el pulso a la hora de cerrar un gran campeonato y dejó en el segundo lugar a Rickie Fowler —gran semana para el hombre de naranja en un lugar que le trae enormes recuerdos porque allí ganó su primer torneo en el tour— y al danés Nicolai Højgaard. Solo un golpe más atrás apareció Alex Fitzpatrick, que lideró hasta los hoyos finales y ya es una de las historias del año.

Dos torneos. Dos campeones. Un veterano y un novato. Las historias que el tour siempre nos regala.

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