El título de la editorial de hoy tiene que ver con lo que la mayoría de los rankings consideran la mejor cancha del mundo.
Ya saben ustedes que yo no creo en los rankings. Creo que hay un montón de canchas muy buenas en el mundo y que cada uno tiene su corazoncito y a cada uno le gusta más una que otra.
De lo que sí no tengo ninguna duda es de que, de todo lo que me ha tocado conocer en el mundo, que por suerte ha sido bastante, Pine Valley es el mejor lugar del mundo para jugar al golf.
Ubicado, para que tengan una idea, a unos 45 minutos del aeropuerto de Filadelfia, el club permanece cerrado durante el invierno, por supuesto, porque el frío y la nieve hacen imposible jugar. Se dedican a trabajar en la cancha.
Cierra el 10 de noviembre. La semana que viene ya va a estar cerrando la temporada del año y vuelve a abrir en la segunda parte del mes de marzo.
Es un bosque.
El club fue fundado en 1911 por un señor llamado George Crump, que viajaba en el tren y, cada vez que pasaba por ese lugar, decía: «Qué buen lugar para hacer una cancha de golf».
Bueno, finalmente la hizo y el club se transformó en uno de los clubes más importantes y más buscados del mundo del golf.
Es un club privado, muy privado. Tiene más de mil socios de todas partes del mundo.
No es como Augusta, que es mucho más chico en cantidad de socios. Es mucho más un club de golf de todos los días, a diferencia de Augusta National.
Este es un club en donde todos los días hay 100 personas jugando, porque los socios llevan invitados permanentemente.
Está metido en el medio de la nada.
El diseño original es de George Crump, pero hubo un inglés que tuvo mucho que ver con el diseño de este campo de golf: Harry Colt, un fenómeno de comienzos del siglo XX, que se instaló en Pine Valley durante un par de semanas en una carpa para terminar, o para darle forma y ayudar a Crump a lograr lo que logró.
Es un bosque enorme, con algunas casas que pertenecen a algunos socios.
Ya no se pueden construir más. Hay muy poquitas, deben ser seis u ocho casas.
Hay una casa llamada Centennial House, que es una especie de casa con ocho dormitorios para ocho personas, cada una con su baño, living, cocina y garaje para los carritos eléctricos.
Hay una Dormitory House que tiene muchos cuartos, no sé exactamente cuántos son.
En Pine Valley juegan más o menos unas 100 o 120 personas todos los días.
Cada una de estas casas, además, tiene cinco casitas, cinco cottages, con cuatro cuartos cada una, con dos camas dobles en cada cuarto, cada uno con su baño privado.
Y en el medio, living, televisor, mesa para jugar a las cartas y demás.
¿Qué tiene de especial este lugar? La cancha de golf es totalmente increíble. Es una cancha en la que yo, por lo menos, no podría jugar todos los días de mi vida, porque probablemente dejaría de jugar al golf. Es de una dificultad extrema. Está hecha en el medio de dunas, allí en las afueras de Filadelfia, un lugar raro.
Los fairways son generosos, pero si la sacás del fairway, la vas a pasar muy mal. Está plagada de búnkeres diminutos, grandes, altos, bajos, con una característica. En Pine Valley, los socios del club o la directiva del club toda la vida han considerado a los búnkeres como hazards, como lugares en donde vos fallaste y tenés que pagar. Y tanto tenés que pagar que no hay rastrillos. En ningún búnker hay rastrillos. Se arregla un poquito con el pie y el jugador sigue.
Por supuesto, si jugás a la mañana, tenés un poquito más de chance. Si jugás a la tarde, tenés un poquito menos de chance de que la pelota quede bien.
El rough es muy ancho, porque enseguida viene el bosque y las dunas, pero es un rough que debe medir unos 15 centímetros. La pelota siempre se ve, pero no es tan fácil sacarla.
Los greens son lo más firme y lo más rápido que yo he visto en mi vida. Jugué solamente nueve hoyos, con lo cual no puedo opinar mucho, pero les diría que, en grado de dificultad, para mí los greens de Pine Valley son diez veces más difíciles que los greens de Augusta. Y todo en Pine Valley es muchísimo más difícil que en Augusta National.
La cancha tiene tres tees de salida. Uno mide 7.200 yardas desde el fondo. Tiene algunos tees que realmente son nuevos. Yo la jugué por primera vez allá por el año 1994 y este fin de semana volví, con lo cual me acuerdo de la cancha con los tees originales. Y veo la cancha ahora, y el tee del 4 está en un lugar que no se puede creer. El tee del 18 está en un lugar que no se puede creer. El 17, en un lugar que no se puede creer. El 15 también lo han estirado, el 13 lo han estirado.
Han estirado varios de los hoyos y la cancha se ha puesto extremadamente larga.
¿Qué tiene de particular? Se respira golf. Está todo pensado para el golfista. Se juega caminando, se juega con caddie.
Estas casitas de las que les hablé, o esta Centennial House, en donde me tocó quedarme esta vez, tienen todas la cantidad de carritos eléctricos correspondiente al número de personas que viven en esa casa. Si hay ocho personas viviendo en la casa, hay cuatro carritos eléctricos.
En eso te movés. Vas a la cancha de práctica. La cancha de práctica es un sueño total. Y cuando terminaste de practicar, te vas al clubhouse en el carrito.
Nada está muy lejos, pero te manejás en carrito eléctrico. Estacionás el carrito eléctrico cerquita del clubhouse y los caddies que te asignaron para tu grupo se encargan de levantar tus bolsas y llevarlas ya al tee del 1.
Se presentan todos los caddies, con muchísimos años allí, que conocen las caídas como nadie. Jugar sin caddie en Pine Valley es sinónimo de hacer tres, cuatro o cinco putts en todos los hoyos. La podés sacar del green sin ningún problema en más de un hoyo. Si no vas con caddie, no tenés ninguna chance de sobrevivir en Pine Valley.
¿Cuánto se hace en Pine Valley? Se hace mucho, generalmente.
Pero jugamos dos vueltas. La primera yo jugué muy mal. En la segunda iba más o menos mejor. Iba cuatro sobre par al tee del hoyo 13. Jugué los últimos seis hoyos en siete sobre par y terminé haciendo 81.
Fui el mejor de los ocho ese día, o de los siete, pero el anterior había hecho 95.
Con la tarjeta en el bolsillo puede ser un drama importante. Si te enojás, se puede poner el número, pasar las tres cifras sin ningún inconveniente. Y si te equivocás de tee, no vas a llegar en ningún hoyo en los golpes reglamentarios.
Una cancha de golf excepcional, un lugar único, el mejor de todos, sin ninguna duda.
Gracias a mi amigo socio que me invitó. Además, como faltó uno a último momento, pude llevar a mi hijo Fran. Así que fue un viaje casi inolvidable. Paco Jr. lo disfrutó como nunca.
Y jugamos otras dos canchas: Philadelphia Cricket, si se acuerdan, donde el año pasado Sepp Straka ganó allí el Truist, y jugamos en Aronimink, donde ganó Aaron Rai este año el PGA Championship. Las dos, muy buenas.
No se comparan con Pine Valley, que, como les dije al principio, sigue siendo imbatible.
Escucha la versión extendida en Spotify.


