En una demostración de carácter, el neozelandés Ryan Fox se quedó con la edición 154 del Open jugado en Royal Birkdale. Digo de carácter porque en los últimos 9 hoyos, cuando se encontraba persiguiendo al líder, tuvo dos golpes de mala suerte que hubieran desanimado a cualquiera.

La ola de calor por la que pasa Europa llegó a las Islas Británicas y Royal Birkdale lució amarilla como hacía mucho tiempo no se veía una cancha de Open. Firme y rápida, fue un desafío diferente al de otros años porque acá hubo que usar mucho la calculadora para tratar de no llevarse por delante los obstáculos. La pelota no paraba de rodar nunca en los fairways y, en los hoyos que doblan, los jugadores tuvieron que tomar la decisión en el tee: hierro y tirar de más lejos el segundo golpe o arriesgar desde el tee con el driver y poner todo en juego.

El primer día hubo buenos scores, pero nada muy bajo. El viernes fue el australiano Lucas Herbert el que firmó el primer 62 de la semana, falló de cerca para 61 y solo 20 minutos más tarde Sam Burns embocó desde el bunker en el par 4 final para igualar el mismo registro. Herbert quedó con dos de ventaja de cara al fin de semana y el sábado muy temprano apareció la figura de Ryan Fox para anotar otro 62 y Herbert tenía compañía en el tope del tablero bastante antes de comenzar su tercera ronda. Fue Burns el que mejor hizo las cosas ese día y, de cara al día final, llevaba dos de ventaja, pero ya sabemos que el domingo los nervios son diferentes.

Sol y algo de viento para un día final que tuvo de todo. Como buen día final siempre hay alguien que sale más temprano y pone un score. Esta vez fue Cameron Young, que se recuperó del 73 del sábado y que, a pesar de cerrar con bogey, puso 271 golpes en el tablero. Tuvo que esperar hasta el último putt para saber su suerte. La punta se la repartieron entre Burns, Si Woo Kim y Fox durante los primeros 9 hoyos. Cuando quedaban los últimos capítulos era Kim el que mandaba, pero jugó esa última parte del recorrido en 4 sobre par y perdió sus chances. Burns alternó buenas con malas, mientras que Fox se mantenía cerca. En el 15 llegó la primera prueba para el neozelandés cuando un golpe casi perfecto terminó injugable en un bunker. Tuvo que sacar para atrás y embocar de casi dos metros para salvar el bogey. Luego del birdie del 16 decidió pegar con su driving iron desde el tee del 17 y la pelota rodó 20 cm más para caer al bunker del fairway. Igualado con Young llegó al tee del 18 y allí jugó un hoyo perfecto. Partió el fairway con el driver, su approach fue perfecto y el putt de 5 metros nunca se salió del hoyo.

Una gran victoria para este hombre de 39 años, hijo de una leyenda de los All Blacks, que consigue el máximo triunfo de su carrera. Uno que le da el título de Champion Golfer of the Year.

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