Desde que la semana pasada se anunció que a partir de 2028 el PGA Tour tendrá dos series diferentes, las opiniones a favor y en contra no tardaron en aparecer. La historia es que existirán el PGA Tour Championship Series y el PGA Tour Challenger Series; en el primero jugarán 120 jugadores, en torneos a 72 hoyos con corte, que serán unos 23/24 torneos y cuyas bolsas no serán menores a 20 millones de dólares, mientras que en el segundo jugarán un mínimo de 144 jugadores, con bolsas mínimas de 4 millones de dólares y habrá un piso de 20 torneos. Otra cosa que señaló Brian Rolapp en su conferencia de prensa fue que los que jueguen el Championship Series no podrán jugar en el Challenger Series y viceversa. Dijo además que en el Championship Series no habrá ni qualy de los lunes ni invitaciones del sponsor.
Todos coincidieron en que estas dos diferentes series les darán la tranquilidad a todos los jugadores del tour de saber exactamente dónde y cuándo jugarán, sacándoles la incertidumbre a esos jugadores que finalizaban más allá del puesto 125 del ranking y que muchas veces no sabían hasta último momento si entraban o no al siguiente torneo. Esto es, sin dudas, un punto a favor del nuevo formato, pero hay algo que hace ruido y es el hecho de no poder ir a jugar algún torneo de la otra serie. A muchos no les cayó bien. El mejor ejemplo es lo que pasó esta semana.
Chris Gotterup recibió hace cuatro años una invitación del director del John Deere Classic cuando no tenía status. Este año fue el director del torneo el que lo llamó para comprometerlo a jugar y Gotterup aceptó como forma de agradecimiento por la oportunidad que le habían dado tiempo atrás. No es el mejor momento del calendario porque el jugador defiende la semana que viene el Scottish Open y a la siguiente juega The Open, pero nobleza obliga y estuvo presente en el TPC Deere Run. Si en 2028 el John Deere Classic llega a formar parte del Challenger Series, Gotterup no hubiera podido aceptar esa invitación. Esto les pasará a Spieth y Scheffler con el Byron Nelson, en donde ambos hicieron su debut cuando eran “niños”, o a algún jugador de los muchos que viven en la zona de Jupiter con el Cognizant o a los de Palm Springs con el American Express.
Todo está por reglamentarse todavía, pero ya aparecieron los pros y contras de un sistema que no será perfecto nunca, pero que parecería ordenar mejor al PGA Tour.


