Llegó una de las semanas más esperadas, por lo menos para mí, de este 2026. El US Open es siempre una semana especial, pero cuando se juega en una de las joyas del golf de Estados Unidos tiene un sabor especial. Shinnecock Hills, en Southampton, Long Island, es uno de esos lugares.
La USGA fue fundada en 1895 por cinco clubes y uno de ellos fue Shinnecock Hills. Al año siguiente se disputó allí la segunda edición del US Open, que fuera ganada por James Foulis, pero lo curioso es que el campeonato no volvió a visitar la cancha sino hasta 1986. Volvió nueve años después para coronar a Corey Pavin, en 2004 le tocó ganar a Retief Goosen allí y finalmente en 2018 fue Brooks Koepka el vencedor. Para que tengan una idea de lo que puede ser este monstruo de cancha, en estas cuatro ediciones del US Open disputadas en Shinnecock Hills solo tres jugadores lograron completar los 72 hoyos bajo par: Floyd ganó en 1986 con -1, Pavin se impuso con el par de la cancha, Goosen ganó con -4 y Mickelson terminó -2 ese año, mientras que Koepka venció con un total de +1.
Con el Long Island Sound a pocos metros de la cancha es muy común que el viento sople de manera intensa, y cuando el sol brilla, la combinación de ambos factores transforma a la cancha en un acertijo imposible de adivinar. Los greens muy expuestos empiezan a secarse, la pelota no para de rodar y la firmeza de los mismos es tal que hasta tirar desde el fairway se pone difícil. En 2018 la USGA cometió algunos errores con la presentación de la cancha y los jugadores se quejaron bastante. A partir de allí las canchas del US Open cambiaron bastante y ya no presentan la dificultad que presentaban en aquellos años.
Si hacemos un repaso por los últimos cuatro campeonatos allí, lo primero que se me viene a la memoria fue el segundo golpe de Floyd en el 15 durante la ronda final. Con el hoyo jugando viento a favor, Floyd supo que si picaba en el green terminaría pasado de la superficie en el rough y optó por tirarla al bunker corto del green para tener un approach más fácil. Así lo hizo y terminó embocando desde la arena para un birdie inesperado que lo encaminó hacia la victoria. Nadie podrá olvidar la madera 4 de Pavin en el hoyo 72 de la edición de 1995. Una obra de arte desde 225 yardas que terminó a un metro de la bandera. Pavin falló el putt, pero igual terminó ganándole a Norman. En 2004 Goosen y Mickelson peleaban el campeonato hasta que el zurdo hizo tres putts desde muy cerca en el hoyo 71 para llevarse un doble bogey. La última edición nos trajo la remontada de Fleetwood el domingo, que presentó una tarjeta de 63 golpes para sentarse a esperar. Bien pudo haber sido el primer 62 en la historia porque el inglés tuvo un putt de poco más de dos metros en el 18 para birdie que terminó fallando. Koepka anotó 68 el domingo para terminar ganando por un golpe y ser el primero desde Curtis Strange, a fines de los 80, en defender el título.
Verán una cancha fabulosa en donde para mí los par 3 se destacan por sobre el resto. El 11 es una miniatura de 159 yardas al que Lee Trevino bautizó como el par 5 más corto del mundo. El final también es para tenerle mucho respeto y siempre la combinación de par 5, par 3 y par 4 le dan un sabor diferente a la definición de cualquier campeonato.
Disfruten el US Open, pero préstenle mucha atención a la cancha. Verán algo único.


