El presente de Jordan Spieth es tan desconcertante como frustrante para sus fans. No imagino lo desesperante que debe ser para el jugador.

La irrupción de Spieth allá por 2013 le trajo al golf una bocanada de aire fresco. Tiger Woods transitaba su último gran año y este joven de Texas hacía cosas que sorprendían al mundo. Sin ningún tipo de tarjeta, a fuerza de invitaciones y top 10 empezó a jugar en el tour. Para mitad de año ya era una estrella; en julio ganó en John Deere y en agosto jugó la primera ronda de uno de los torneos de los playoffs junto a Couples. Al terminar la ronda, Freddy llamó al capitán y le dijo que no podía dejar de elegir a Spieth para la Presidents Cup que se jugaría un mes más tarde en Muirfield Village. De 0 a 100 en pocos meses no es normal en nuestro juego.

El 2015 fue una exhibición. Ganó el Masters con récord, se quedó con el US Open en Chambers Bay y llegó a St. Andrews como el gran candidato. Un mal swing en el hoyo 71 lo puso contra la pared y, al no hacer birdie en el 18, se perdió el playoff por un solo golpe. Un mes más tarde jugó en el grupo final del PGA Championship, terminando segundo de Jason Day. Primero-Primero-Cuarto-Segundo fueron sus finales en los majors de ese año. Solo Tiger había tenido una temporada parecida. Dos años más tarde produjo el milagro en Royal Birkdale para ganar el Open y la leyenda se agrandaba cada vez más.

Su juego era impredecible. Su driver era tan poco confiable que cada golpe desde el tee era una aventura. Desde lugares que nadie había visitado se llevaba un birdie. No había sitio desde donde no hiciera dos golpes cada vez que fallaba un green. Su putter era demoledor. Jordan Spieth era el jugador que había que ver. Impredecible, electrizante, enérgico, mágico. Hoy es el polo opuesto.

Su lesión en la muñeca lo llevó a una cirugía a fines de 2024 que debió haber sido mucho antes. Volvió renovado, sin dolor, pero sin la magia de aquel de las primeras temporadas en el circuito. Su temporada 2026 es un fiel reflejo de lo que les digo. Sus números muestran que hace muchas cosas bien, pero ninguna muy bien. Sus resultados así lo demuestran, con dos empates en el puesto 11 y dos empates en el puesto 12, pero ningún top 10. Consistente como nunca en su vida desde el tee, pero falto de esa chispa sobre el green que lo hacía explosivo. Esta última semana en el Byron Nelson fue la mejor foto de lo que es el juego de Spieth este año. El viernes por la mañana su putter funcionó como antes y firmó 62, que lo puso en el tercer grupo para el sábado. Tenía que acelerar para llegar con chances al domingo, pero a pesar de haber acertado 10 de los 14 fairways, en los 10 greens que acertó necesitó 20 putts. Los 73 fueron producto de haber perdido más de dos golpes con referencia al field con el putter. En una semana en donde hay que hacer muchos birdies eso no ayuda.

Creo que está cerca de volver a ser el de antes. Su juego en general está mejor y solo deberá poner todo junto una semana para volver a ganar. Todos lo necesitamos porque no hay nadie más fascinante para ver, relatar o ser fan que Jordan Spieth.

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