En tierra de Rocky Balboa, el inglés Aaron Rai se calzó los guantes y derrotó a los gigantes del golf en la edición 108 del PGA Championship. Un buen encabezado para una columna que trata de explicar cómo Rai se transformó en el primer inglés en ganar el campeonato desde que Jim Barnes lo hiciera en 2019.
En una cancha presentada difícil, pero justa y que fue alabada por todos, Rai jugó los últimos 10 hoyos del día final en 5 bajo par dando una clase magistral de cómo ganar un major. Para ponerlo de otra forma, Rai ganó a lo Faldo: acertando todos los fairways, saliendo con madera 3 en el larguísimo par 4 del 15 para asegurarse jugar desde el pasto corto, pegando hierros de extrema precisión, y por supuesto, embocando los putts que hacen falta para terminar de marcar la diferencia. El del hoyo 17 fue similar al que embocara J.J. Spaun en el hoyo final de Oakmont en el US Open del año pasado, y le dio la tranquilidad al ganador de poder jugar el hoyo final sabiéndose ganador.
Este inglés de padre llegado desde la India y madre desde Uganda es una de las personas más amables que se pueden encontrar en el circuito. Un incansable trabajador que desde muy chico se enamoró del golf y que se propuso llegar a lo más alto. Una de esas personas que un día llegó a su casa para contarle a su padre que había embocado 245 putts seguidos de 1 metro. En definitiva, uno de esos personajes a los que uno siempre quiere que le vaya bien.
Decíamos que Rai había derrotado a los gigantes en Aronimink. Si arrancamos por el N°1 del mundo habrá que decir que Scheffler estuvo muy peleado con su putter durante toda la semana. Muchos de Uds. dirán que aun así terminó dentro de los 15 mejores y que sigue siendo el mejor, y de eso no habrá dudas, pero a Scheffler lo veo más impaciente que en años anteriores. Lo cual también es lógico. Cuando te acostumbrás a ganar no es sencillo ver cómo se te escapan los campeonatos semana tras semana. En Aronimink arrancó bien el jueves, pero a partir del viernes su putter no colaboró.
McIlroy en cambio deberá echarle la culpa esta semana a su driver. Alternó algunos brillantes como el del 9 el día final o el del sábado en el hoyo 6 cuando la subió al green en el par 4 de más de 380 yardas, pero cuando tuvo que apretar el acelerador jugó siempre desde el rough. Fue quizás ese hoyo 9 del día final el que lo frenó porque tirando con el hierro 7 de segundo golpe en un par 5 que mide más de 600 yardas, lo menos a lo que Rory aspira es a tener un putt para águila. Quedó corto del green, se fue con par y no se embaló en el regreso. Si quieren ver una foto de la semana basta con saber que Rai jugó los 8 par 5 del campeonato en -6 y McIlroy los completó en par. La diferencia fue de 6 golpes al final de la semana. Una lástima porque hubiera sido lindo ver a McIlroy llegar a Shinnecock Hills con la ilusión del Grand Slam.
Una gran mejoría mostró Jon Rahm, que terminó segundo, su mejor actuación en mucho tiempo en los majors. Lo mismo para Cameron Smith, que realmente pensé en algún momento que jamás lo volveríamos a ver peleando un campeonato, y que el domingo tuvo la chance, solo para ver cómo el putter, su mejor arma, se enfriaba en los últimos 9 hoyos.
Un campeón inesperado. Un gran trabajador. Humilde como es difícil de encontrar en el circuito. Todos atributos que hacen recordar al héroe de Filadelfia, y como si fuera un tributo a los 50 años del estreno de Rocky, el final lo mostró abrazado a su mujer y llorando.
Igual que Rocky.
