En junio de 2019 Gary Woodland caminaba por el fairway del 18 de Pebble Beach sabiendo que había ganado el US Open. Casi siete años más tarde volvía a disfrutar esa caminata en otro lugar, bajo otras circunstancias y con una historia para contar.
Hace más o menos tres años Woodland comenzó con problemas de sueño: se despertaba en la mitad de la noche con tremendas pesadillas, brutales dolores de cabeza y pérdida de apetito. Una tomografía mostró un tumor en su cabeza difícil de operar y fue medicado. Siguió jugando en el tour, pasó el corte en seis de los siguientes siete torneos que jugó, pero la medicación trajo efectos secundarios, motivo por el cual Woodland decidió operarse.
La cirugía en septiembre de 2023 fue un éxito, pero luego de la misma apareció algo llamado Post Traumatic Stress Disorder, algo bastante común luego de esos procedimientos. Woodland todavía tiene días muy malos mentalmente, pero de a poco ha ido superándolo. Hace pocas semanas habló abiertamente de sus problemas y emocionó a todos.
El viernes en Houston tomó la punta del campeonato y todos hacían fuerza para que se quedara con el torneo. El día final iba a ser una dura prueba y en el hoyo 7 todo empezó a volcarse a su favor. Nikolai Højgaard se fue con doble bogey en ese par 3 y Woodland embocó de lejos para birdie y sacar cinco de ventaja. Nunca más estuvo en peligro su victoria y no recuerdo ver a los otros dos jugadores del grupo final detenerse en el medio del fairway para aplaudir al ganador en su caminata por el fairway del hoyo final. La misma sensación que tuvo Woodland en Pebble Beach, pero esta vez con una emoción diferente.
