Lo había intentado todo. Se había probado en todos los circuitos desde que decidió hacerse profesional en su Sudáfrica natal. El sueño era llegar a lo más alto, pero como a muchos, el sueño se fue transformando de a poco en pesadilla. Tanto que durante 5 años dejó de jugar al golf profesionalmente, pero el virus nunca se va del cuerpo del todo. Michael Hollick decidió darse otra oportunidad comenzando por el Sunshine Tour, que se juega en su país. Llegó el triunfo en Zimbabue en 2024 y dos títulos más en ese circuito en 2025 le devolvieron la confianza, pero ya tenía 38 años y el calendario no perdona.

Logró llegar otra vez al DP World Tour y ayer, en Múnich, el sueño que tuvo de chico empezó a transformarse en realidad, pero como suele suceder en este bendito juego, esa realidad llegó de la forma menos esperada. El BMW International Open es uno de los torneos ubicados en una parte fuerte del calendario europeo y los 3 hoyos finales nos traen siempre desenlaces fabulosos. Fue aquí en donde Rafael Echenique logró un albatros en el hoyo 72 para terminar perdiendo por uno frente a Nick Dougherty. Esta vez no hubo albatros y fue otro pájaro grande el que decidió el campeonato.

Hennie du Plessis es otro sudafricano que juega muy bien y es dueño de un swing para copiar. Jugando en el anteúltimo grupo llegó al tee del 17 con 3 de ventaja sobre Hollick, que jugaba en el grupo final y acababa de hacer un muy mal bogey en el 16. El torneo parecía decidido, pero un mal golpe en el par 3 y un golpe de salida fallado en el 18 hicieron que el líder terminara bogey/par. Nadie la había podido dejar cerca en el 17 hasta que Hollick pegó un perfecto hierro 5 que terminó a dos metros del hoyo. El birdie allí acortó la diferencia a un solo golpe y en el 18 arriesgó con el golpe de salida. El hoyo dobla a la izquierda y Hollick cortó el dogleg, dejándose otra vez hierro 5 al green. Otra vez un muy buen golpe y la pelota terminó a 6 metros del hoyo. El putt perfecto y el águila le dieron el primer triunfo en el DP World Tour.

Hay que hacer solo un mal swing para perder un campeonato, pero a veces hacer dos muy buenos sobre el final alcanza para ganar. La vida cambia en una semana para los golfistas profesionales. A los 39 años, Michael Hollick puede dar fe de ello.

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