El Masters siempre nos entrega drama hasta el final. En este caso parecía que no habría, pero McIlroy se encargó de ponerle suspenso cuando decidió pegar con su driver en el hoyo final.
Siempre decimos que no hay nada igual al Masters y cada año que vengo me convenzo más de que así es. Hablaba con Mateo Pulcini durante la semana y me decía que una de las cosas que más lo había sorprendido era el trato que recibió desde que pisó el club por primera vez. Los amateurs viven dentro de un cuento durante toda la semana. Cena el lunes con el Chairman y otros socios en el club house, la aventura de dormir en el Crow’s Nest una o todas las noches que quieran, el locker entre medio de Spieth y Thomas es otra de las sorpresas que tuvo el cordobés. Si se preguntan por qué les cuesta tanto jugar bien aquí, empiecen a entender que están en una nube y que, cuando se despiertan el jueves, tienen que enfrentar una cancha que poco tiene que ver con la que practicaron. Venir antes y jugar Augusta es indispensable para empezar a conocerla, pero llegar al primer día del torneo en el estado mental correcto es igual de importante.
Esto de los amateurs es solo una pequeña historia dentro de una semana que es, para todos, inolvidable. El sábado le hicimos una recorrida a los dirigentes de las distintas federaciones de golf de Sudamérica por la sala de prensa. Cuando entraron no podían creer lo que veían, y algo que para nosotros es nuestro lugar de trabajo, el asombro de ellos nos hace dar cuenta aún más de lo que es donde estamos toda la semana.
Así van pasando historias de gente que viene por primera vez y no puede creer lo que ve, gente con la que te encontrás todos los años y recordás Masters pasados, pero además Augusta National Golf Club siempre nos sorprende con algo nuevo. Este año fue el nuevo edificio para los jugadores, que si bien no pude conocer, los latinos con los que hablamos no tenían palabras para explicar el lugar.
Nos vamos de Augusta con la alegría de haber vuelto a un lugar mágico y por el que tengo una profunda pasión, pero también con la sensación de que la semana pasó muy rápido. Lo bueno es que solo faltan 51 semanas para volver.
