A punto de cumplir 37 años, Rory McIlroy parece haber comenzado el segundo capítulo de su carrera profesional. La pesadísima mochila que se sacó el año pasado al ganar el Masters parece haberlo liberado, y él mismo se encargó de aclararlo en la conferencia de prensa de la semana pasada. “Cuando gané en 2025 pensé que había cumplido con todo lo que quería en mi carrera, y quizás fue por eso que no jugué bien el resto del año, pero me di cuenta ahora de que todavía tengo ganas de más”, dijo Rory.
Si bien los números de Scheffler de los últimos 4 años asustan de lo buenos que son, voy a seguir pensando que hay una mínima ventaja para el norirlandés si se enfrentan el mejor McIlroy y el mejor Scheffler. Terminado el viernes, McIlroy llevaba 6 de ventaja; nunca nadie había tenido esa diferencia en Augusta luego de 36 hoyos habiendo sido anteúltimo en fairways acertados. Ligó bien con todos los rebotes, jugó alrededor del green como pocos pueden hacerlo y las embocó casi todas. La coronación fue la embocada de afuera en el 17 del viernes. El fin de semana tampoco estuvo muy acertado desde el tee; es cierto que el domingo encontró el 71% de los fairways, lo que lo puso en el promedio del field, pero al final de la semana los números marcaron que acertó solo el 55% de los fairways, cuando el field acertó el 72%. Así y todo, volvió a ganar.
Tuvo lo que tienen todos los ganadores en algún momento de la ronda final, y uno de esos momentos clave sucedió, para mí, en el green del 6. Cuando estás jugando contra alguien como McIlroy en el grupo final del Masters y lo tenés en el piso, no podés fallar y tenés que rematarlo. Cameron Young tuvo la chance en el 6 y falló desde 80 cm. Nunca le des otra oportunidad a los súper jugadores en ningún deporte porque la van a aprovechar y te van a ganar. Así sucedió: Rory hizo birdie en el 7 y en el 8, cobrando nueva vida, mientras que Young, en forma inexplicable, falló el green del 7 con un wedge y se fue con bogey. Podía haber quedado 3 golpes delante de McIlroy en el 6 y solo media hora más tarde estaba un golpe atrás.
McIlroy no cambiará jamás su forma de jugar y eso lo puso en evidencia cuando llegó al tee del 18. Era claro que había que tirar con la madera 3 para no llegar a los bunkers, hacer 4 o 5 y ganar el Masters, pero como Rory no tiene un caddie con mucho carácter —seamos justos con su amigo Harry y digamos que acertó en el 12— sacó el driver de la bolsa sin pensar en nada más que pegar un perfecto fade. No sucedió y el slice lo pudo haber dejado, por ejemplo, en el lugar en el que cayó Cabrera en el playoff de 2009. Tuvo suerte, una vez más en la semana, y le quedó tiro al green que no veía.
Creo que McIlroy comenzó la segunda parte de su carrera profesional. Ya creo que debe ser considerado el mejor jugador de Europa de todos los tiempos, dejando atrás a Faldo y Seve. Nadie hará tanto por el golf de un continente como lo que produjo el inolvidable Ballesteros, pero los resultados de Rory son muchísimo mejores que los del español. Me preguntaban hace poco en un podcast si creía que McIlroy podrá volver a repetir en 2027 y creo que sí puede hacerlo. Juega ahora en Augusta con una libertad de espíritu que jamás había sentido, conoce la cancha al milímetro y los fantasmas han desaparecido. En condiciones como las que jugó Augusta esta semana, el ganador no sale de los 5 nombres que pelearon el Masters. Si la lluvia aparece y la cancha se pone más lenta, ahí ya entran más jugadores en la discusión. Cuántos majors más ganará es una incógnita, pero piensen que con uno más iguala la marca de Palmer, Snead y Sarazen; con dos más se pone a la par de Watson y con tres llega al número de Hogan y Player. Será muy entretenido ver lo que viene en los próximos meses/años.
