Cuando Tiger Woods comenzaba un major y, luego de 36 hoyos, llevaba seis golpes de ventaja, todos sabíamos el resultado final. Incluso sus rivales. El sábado en Augusta pudo haber quedado definida la edición 90 del Masters porque el N°2 del mundo y defensor del título tenía esa ventaja, pero por más que Rory sea lo extraordinario que es, no es Tiger.

En los dos primeros días de juego, solo Davis Riley —que terminó último luego de 36 hoyos— había acertado menos fairways que el líder. El juego corto había funcionado de maravillas, cada vez que falló le había quedado tiro y su putter parecía infalible, pero rápido en la tercera jornada nos dimos cuenta de que esto sería diferente.

El bogey llegó rápido en el 1, no bajó el 2 y la diferencia se había acortado a la mitad. Fue todo el día una pelea para McIlroy, que pegó dos fabulosos golpes en el 10, se llevó el birdie y se puso bajo par por primera vez en el soleado y calmo sábado de Augusta. Duró poco la alegría porque cometió el peor error que un jugador puede hacer en el 11: falló el segundo por la izquierda y terminó en el agua. Doble allí, mal golpe en el 12 y de llevar tres pasó a quedar uno atrás de Cameron Young.

El ganador del Players, que el jueves estaba cuatro sobre par luego de siete hoyos, hizo birdie en el 14 y se puso adelante. El final de McIlroy tuvo cosas muy buenas, como el birdie del 15, y muy malas, como la salida del 17. Al final quedó igualado en la punta, pero el 73 le dio acceso a muchísimos que se fueron a dormir pensando que el domingo tendrían una chance.

Uno de ellos fue Scheffler, que comenzó la tercera ronda a 12 golpes del líder. Firmó 65 —pudo haber sido 60— y el domingo saldrá a cuatro golpes de los punteros. Entre medio están los nombres de Jason Day, Justin Rose, Shane Lowry (otro hoyo en 1 y el único en la historia del Masters con dos) y Sam Burns. Muchos jugadores importantes y cualquiera de ellos puede embalarse y terminar siendo el ganador.

Caía la tarde, Augusta estaba casi vacío y, bajo las luces de la zona de práctica, un solo jugador trataba de encontrar la solución a sus problemas. Rory McIlroy deberá pegar mejor desde el tee si quiere ser el cuarto en ganar el Masters en años consecutivos. El domingo veremos si lo pudo solucionar.

Todo esto nos lleva a una última reflexión: qué bueno que era Tiger.

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